Algunos factores en la elección mexicana: Iglesia, EU, empresarios e intelectuales

En elecciones, la historia mexicana siempre pone a trabajar a intelectuales, empresarios, Iglesia y Estados Unidos: sus intereses no siempre coinciden con las aspiraciones colectivas.

Redacción Presidencia2012


Cuatro factores históricos siempre han incidido —de diferente manera— en las elecciones presidenciales de nuestro país: la cercanía estratégica con Estados Unidos, la influencia de la Iglesia católica, el peso de los empresarios y la visión de los intelectuales.

Presidencia2012.com abordó estos temas en diferentes números a lo largo de 2011.

El periodista Sergio Sarmiento, cuyo programa y columnas periodísticas son referentes en la escena política y cultural del México contemporáneo, opinó sobre los procesos electorales de EU y nuestro país:

“Cada una corre por su lado. En realidad nosotros no pintamos en EU, la verdad es que nosotros sí estamos muy conscientes de las elecciones de EU, pero los estadounidenses no están conscientes de las elecciones mexicanas. Lo que sí genera usualmente este proceso es una situación en la cual un nuevo presidente mexicano suele coincidir con un nuevo presidente de EU y no necesariamente ocurre siempre porque en EU las elecciones son cada 4 años, aquí cada 6, pero además en EU hay reelección.

“El hecho es que la verdad tenemos nuestros procesos completamente aparte y políticamente no nos influimos demasiado. Parece que la última vez que las elecciones mexicanas fueron influidas por algún tipo de escenario de carácter internacional fue en 1994, que acababa de entrar en vigor el Tratado de Libre Comercio con EU y acababa de suceder la rebelión Zapatista en Chiapas, pero en términos generales no nos influimos mutuamente.”

El investigador emérito de El Colegio de México, Rafael Segovia observa pocas contribuciones en la relación entre ambas naciones:

“No nos ha beneficiado en nada, y no tenemos una verdadera política exterior en México. Ya se está por todos lados pidiendo ayuda del Plan Mérida, pero… el presidente se fue contra los EU por el negocio de las armas, y por otro lado sale defendiendo el plan Mérida, que es armas. Entonces ¿en qué quedamos? ¿Queremos armas de los gringos o no las queremos? Pues parece ser que sí las queremos, y sin embargo esas armas sirven para matarnos unos a otros.

“El presidente Calderón ya no tiene esa capacidad de maniobra que le daba el tener al presidente de la República. El PAN tiene al presidente de la República, pero no tiene el voto. De ninguna manera tiene el voto. Sin embargo, el presidente quiere, con la ayuda de EU, continuar su gobierno. Su gobierno ha sido tan desastroso, ha mentido de tal manera, ha hecho tales trampas que no le queda más remedio que perpetuarse, que es echarse en manos del ejército, porque aquí la última palabra la tiene el ejército. El secretario de defensa, que antes no tomábamos en serio, ahora estamos tomándolo en serio.

“Estamos con un presidente que no tiene fuerza y quiere tenerla. No la tiene porque ha gobernado muy mal. Y quiere tenerla porque está en unos problemas verdaderamente terribles. El presidente quiere agarrarse de Estados Unidos, pero son los Estados Unidos los que nos tienen agarrados a nosotros, por el cuello.

“La relación con ellos no es equitativa, para ellos la cosa que verdaderamente está en juego es su capacidad industrial. Ellos exportan e importan, tienen una industria sobreprotegida y nosotros decimos amén, porque ¿qué otra cosa podemos decir? Las cosas que son decisivas para la economía de EU no las tocan. Nos encontramos en una situación complicada. Favorable y desfavorable. Nosotros tenemos la ventaja de vivir al lado de Estados Unidos. Pero también tenemos la desventaja de vivir al lado de Estados Unidos. Yo creo que aquí el presidente se ha echado las cuentas de que la ruptura es imposible con ellos.”



Empresarios e Iglesia católica: su presencia en la política


Carlos Arriola concedió una entrevista donde abordó una temática doble: el papel de los empresarios y la Iglesia católica en la historia reciente de México, particularmente desde el interior del Partido Acción Nacional. Profesor de El Colegio de México, es autor de Ensayos sobre el PANCómo gobierna el PAN y El miedo a gobernar, la verdadera historia del PAN. Al primer apartado lo llama “el equívoco empresarial”.

“...Otro tema es el que llaman equívoco empresarial, que empezó después de los gobiernos de Echeverría y López Portillo, cuando los empresarios regresan al PAN (en la fundación hubo algunos que rápidamente lo dejaron). Cuando regresan al PAN (y la figura más importante desde luego es Clouthier, que fue candidato presidencial), el equívoco está en que Clouthier anduvo diciendo por todos lados que gobernar era como administrar una empresa. Un equívoco. El resultado de esta ambigüedad fundacional, de esta actitud del grupo católico, y de este equívoco empresarial es que nunca se prepararon para ejercer el poder.


“Nunca hicieron política, digamos, en los sindicatos, nunca hicieron política en organizaciones sociales, etc. Pensaban que era suficiente con educar al ciudadano, que era suficiente con la Doctrina Social de la Iglesia, o que era suficiente con saber administrar una empresa. Porque a la hora de la hora se dan cuenta que una sociedad como la mexicana, ya tan compleja, tan diversificada, no es una empresa en la que se ordena y se obedece. Que aquí hay intereses diferentes, contradictorios, que hay que convencer, no mandar.


“Era una especie de club, en el que se aprovechaban las campañas para educación del pueblo. Entonces, cuando realmente llegan al poder, tanto Vicente Fox que, digamos, representaría el equívoco empresarial, como Felipe Calderón que representa la tradición de la doctrina social de la Iglesia (tanto por su padre como haber sido discípulo de Carlos Castillo Peraza), no tienen los instrumentos para gobernar; es decir, desconocen el oficio político. Confundieron mucho tiempo en hacer brillantes discursos en el Poder Legislativo, sea en la Cámara de Senadores, sea en la Cámara de Diputados, en exponer posiciones si quiere brillantes, críticas del gobierno, pero no en un programa de gobierno realista, sensato, con conocimiento de causa. Y conocimiento de causa me refiero a cosas muy concretas.

Carlos Arriola, desde su perspectiva de historiador, establece un balance de las relaciones Iglesia-Estado:

“Ha habido alzas y bajas, pero hay una cosa muy notable: después de la Constitución del ’57 que separa definitivamente a la Iglesia y el Estado (porque no se podía construir una democracia en una sociedad en dominada por el pensamiento religioso) muchísimos autores dicen: ‘No puede haber democracia en un Estado que no sea laico, porque no hay respeto a las otras confesiones religiosas, no hay respeto a la pluralidad religiosa’.

“Entonces había que romper las bases del monopolio de la Iglesia, que eran sus grandes propiedades. La riqueza estaba concentrada principalmente en manos de la Iglesia. Y es notable que la separación Iglesia-Estado no la toca Porfirio Díaz. Porfirio Díaz llega a un modus vivendi con la Iglesia que se vuelve a romper con la Constitución del ’17 por la lucha Cristera y lo rompe la Iglesia, porque quiere quitar eso. Llegan los acuerdos, y nuevamente los gobiernos del PRI llegan a otro modus vivendi.

Indudablemente la influencia de la Iglesia nunca ha dejado de existir, pero ha crecido en el ámbito político, y ha decrecido en el ámbito religioso. Cada vez ha habido mayor número de mexicanos que asumen otras creencias religiosas, de las Iglesias Reformadas, sea Iglesias Luteranas, la Iglesia del Séptimo Día, los Adventistas, en fin. Hay una pluralidad religiosa cada vez mayor, al mismo tiempo que el laicismo crece en las ciudades, básicamente. Y al mismo tiempo la religión deja de ser operante en el mundo moderno. Es decir, apenas acaban de perdonar a Darwin y a Galileo, y hay un conflicto que viene desde los padres de la iglesia entre fe y razón, que nunca se va a resolver.”

Intelectuales y política en México

El periodista Víctor de Santiago abordó el papel de los intelectuales, sus contribuciones políticas y cómo influyen en la opinión pública. Definió que la palabra intelectual es ambigua por “sus múltiples significados y encierra enigmas nunca resueltos.” Y esbozó la participación de los mismos en la historia de México.


“Hay distintas opiniones acerca de cuál es el papel de los intelectuales. En primer término se les reputa como productores de pensamiento filosófico y científico, o bien, autores de obra artística y literaria. Pero no termina ahí su cometido, porque además se les atribuye el oficio de críticos que examinan y enjuician los acontecimientos de la sociedad, para trazar rumbos y proponer respuestas. Algunos se consideran a sí mismos como una suerte de intérpretes del oráculo, se precian de ser independientes y ostentan su capacidad de disentir.

“Lo cierto es que a través del tiempo, el intelectual ha determinado su labor a partir de su relación con el poder político y económico. El mecenazgo de monarcas y potentados permitió el florecimiento de las artes, las ciencias y el pensamiento filosófico. No obstante, también ha llegado a fructificar la heterodoxia y la rebeldía frente al orden establecido que han originado posiciones desafiantes con hondo aliento libertario, y han contribuido a los cambios revolucionarios en la sociedad. Los intelectuales están expuestos a la represión y al abuso desde el poder por asumir actitudes críticas, como también son susceptibles de ser cooptados y corrompidos, a cambio de su aceptación y defensa del régimen que lo patrocina. 

“En el transcurso del siglo XX hubo grupos de intelectuales, corrientes de pensamiento, tendencias artísticas y literarias de presencia relevante en el escenario público del país. Por una parte, los apologistas de los poderes en turno; por otra, los críticos e innovadores. La dictadura de Porfirio Díaz dio origen a una élite conocida con el mote genérico de los científicos, que proveyó de sustento ideológico al régimen mediante la adopción del positivismo de Augusto Comte, doctrina en principio esgrimida por el liberalismo de origen juarista frente al clericalismo conservador y después refrendada con el fin de justificar el lema emblemático del porfirismo: Paz, Orden y Progreso, con el refuerzo del darwinismo social, preconizado por Herbert Spencer.


“Poco más de un año antes del estallido de la revolución maderista, que dio término a los más de treinta años de gobierno del general Porfirio Díaz, el 28 de octubre de 1909 fue fundado el Ateneo de la Juventud, cuya aparición simbolizó la ruptura de los intelectuales jóvenes, procedentes de las clases altas, con el positivismo. En él participaron los escritores Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, Alfonso Cravioto, Julio Torri y Carlos González Peña, entre otros; los pintores Roberto Montenegro y Diego Rivera; los músicos Manuel M. Ponce y Julián Carrillo, y los arquitectos Jesús Acevedo y Federico Mariscal. Entonces, los ateneístas sostenían su credo rebelde ante la cultura porfiriana, impulsados por el propósito de destruir las bases educativas del positivismo y propiciar el retorno al humanismo y a los clásicos.


“En 1915, en plena disputa por el poder entre carrancistas, villistas y convencionistas, salió a la luz pública una nueva generación de jóvenes intelectuales, agrupados en la Sociedad de Conferencias y Conciertos, que realizaba sus actividades en la Universidad Popular.  Sus figuras relevantes fueron Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano y Alfonso Caso, los dos primeros definidos por el historiador Enrique Krauze como “caudillos culturales” de la revolución mexicana. Eran participantes de un grupo conocido como los Siete Sabios, aunque en rigor eran más y en él también figuraban Narciso Bassols, Antonio Castro Leal y Daniel Cosío Villegas.

“El patrocinio del Estado a la creación artística fue una constante, que permaneció hasta los años del desarrollo estabilizador, iniciado bajo el régimen de Miguel Alemán Valdés, quien fue llamado por Lombardo Toledano “cachorro de la Revolución”, y concluido con el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz.

“A mediados de los cincuenta y principio de los sesenta se hizo presente un grupo de jóvenes intelectuales, críticos y renovadores, reunidos en la Revista de la Universidad de México: Carlos Fuentes, quien publicó en ella su primer cuento, Chac Mool; Emmanuel Carballo, Elena Poniatowska, Jaime García Terrés, José Emilio Pacheco, Huberto Batis, Jorge Ibargüengoitia, Juan García Ponce, Henrique González Casanova, Juan Vicente Melo, sin faltar el mismísimo Octavio Paz. Varios de ellos asumieron un rol discrepante, y aun contestatario, frente al régimen de la Revolución Mexicana en momentos históricos: el movimiento estudiantil de 1968 y las subsecuentes movilizaciones por las libertades democráticas. Otros prefirieron guardarse en sí mismos.

“Con la implantación del neoliberalismo, en los ochenta, se fue integrando una intelectualidad orgánica de tendencias derechistas, abiertamente proclive a la privatización de la economía y a la derogación de los derechos sociales que, para bien o para mal, habían sido conquistados desde los años del cardenismo, aunque menguados por los gobiernos que lo sucedieron. Hasta hoy, los intelectuales orgánicos del libre mercado y la globalización influyen de forma dominante en la opinión pública porque difunden su visión de la realidad con la resonancia de los medios impresos y electrónicos, que prácticamente han copado y convertido en ámbitos excluyentes para quienes no comparten sus ideas, cuyas opciones son marginales para exponer sus puntos de vista”.

Feb02

Posted in Un año de Presidencia2012

Comentarios (1)

  • Jaime Cruz Arredondo
    Jaime Cruz Arredondo
    27 Abril 2012 a las 18:36 |

    Excelente artìculo

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