El presidente que México necesita

Los orígenes históricos del presidencialismo mexicano, sus efectos, los riesgos que este modelo entraña, y las vías alternas para una nueva forma de organización gubernamental.

Redacción Presidencia2012


Por diversas razones históricas, en México se configuró durante el siglo XX un modelo de gobierno presidencialista, en el que el jefe del Ejecutivo centralizaba los mecanismos del poder político, militar y gubernamental. La necesidad de una reforma a este modelo se comenzó a vislumbrar en los años 70, y tuvo un paso importante con la reforma promovida por Jesús Reyes Heroles en 1977, que sacó de la clandestinidad a partidos políticos pequeños y que impulsó en su momento una apertura democrática que varias décadas después tendría como fruto la alternancia en el poder.

El tema del presidencialismo ha sido uno de los intereses principales en Presidencia2012, y desde nuestra primera edición hemos publicado entrevistas, ensayos y artículos alrededor de los mecanismos que podrían aplicarse en México como alternativas a este sistema. En nuestra primera edición, Óscar Zurroza escribió al respecto:

“Creemos que reformar el poder autoritario será tarea de las futuras generaciones, porque en la actualidad seguimos entrampados en la lógica militarista/faccionalista que revela inmadurez democrática. Ayer fue la nación fluctuante, luego la revolución social y hoy es la lucha contra el crimen organizado. Los pretextos de la razón autoritaria, su habilidad para el gatopardismo, siempre abundan. ¿Será simplemente que aún no tocamos fondo para que no nos quede de otra o será que aún no ha nacido el genio político que hará posible lo necesario, lo ya francamente indispensable?”

En esa misma edición, Carlos Kutz nos presentó una reflexión histórica sobre los fundamentos del gobierno de un solo hombre, rastreando sus orígenes en personajes como el primer emperador mexicano:


“Agustín de Iturbide es un personaje clave para entender los orígenes del presidencialismo. A la manera de Napoleón un par de décadas antes que él, Iturbide se hizo coronar emperador una vez logrado el objetivo de la revuelta, en su caso, la independencia de México. No convocó a representantes verdaderamente populares a su corte, sino a la aristocracia de la época; quiso emular a su modo un imperio criollo (“región cuatro”, diríamos ahora), y dio un paso histórico determinante al tomar la decisión de disolver el Congreso. A la postre, apenas a dos años de su reinado, tuvo que abdicar a la corona y así dio fin el primer imperio mexicano, pero a la vez dio inicio una historia que nos acompañaría hasta el día de hoy”.

En nuestra segunda edición entrevistamos a Diego Valadés, reconocido académico de la UNAM, exprocurador de la República, quien habló sobre los riesgos que entraña la concentración de poder:


“El riesgo más importante es que la erosión de las instituciones democráticas no es una erosión inocente o sin consecuencias. De manera que al no darse seguimiento al proceso de reforma de las instituciones políticas que se han venido operando desde 1977, lo que ahora corremos como riesgo es una involución acelerada. Debimos haber avanzado hasta la reforma misma del régimen de gobierno, como no lo hemos hecho, estamos comenzando a sufrir las consecuencias de un sistema representativo que no tiene efectos o que no genera ese sistema representativo, ni formas de responsabilidad política por parte de quienes ejercen el Gobierno, ni participación democrática en la determinación de los programas de gobierno”.

En una nota más informal, pero también reveladora, el investigador de la UNAM Pedro Salazar nos cuenta una anécdota que ofrece un retrato de lo que era el presidencialismo mexicano en su momento cumbre:

“Yo pienso que, políticamente, este país cambió en los últimos años. Buscando referencias para ilustrar esto me puse a buscar qué decía el Excélsior, el periódico de la vida nacional, al día siguiente de la elección de José López Portillo, en 1976. ¿Por qué busqué esa elección?  Porque fue una elección en la que hubo un solo candidato a la presidencia de la República, apoyado por su partido y por todos los demás, y porque ahí se desencadenó de alguna manera el proceso de transición. No me voy a detener mucho en esto, pero me gustó lo que encontré porque me parece que demuestra bien lo mucho que políticamente ha cambiado el país. Decía el periódico "La votación más alta en la elección más concurrida". Y abajo, una foto del que entonces ya era presidente electo, y una frase de su autoría que no tiene desperdicio: "La vida tiene dones, me gusta disfrutarlos”.

A propósito de las prácticas presidencialistas, recordamos en su momento la carta que el académico  Daniel Cosío Villegas envió al presidente Luis Echeverría, pidiéndole que el servicio público, en particular el desempeño del presidente, recuperara la dimensión ética. Esta carta, conocida como Rogativa del último al primer ciudadano de la república fue publicada en el diario Excélsior en 1970:

“...No hay, pues, otro modo de hacer un gobierno fecundo sin contar con el respeto, con la adhesión, incluso con el apoyo reverente de los gobernados. Por eso, me parece fuera de toda duda que en la coyuntura en que nos hallamos, México NO necesita tanto un líder político; tampoco un reformador administrativo; ni siquiera un promotor enajenado de las obras públicas. Por lo que clama es por un líder moral, que sirva de ejemplo y de inspiración a todo el país. Ésta es mi rogativa, señor Presidente: que se convierta usted en ese ejemplo moral de la nación mexicana, con la seguridad que toda ella lo seguirá por ese nuevo y sublime sendero”.

Finalmente, realizamos una selección de propuestas de reformas al sistema presidencial mexicano que han sido presentadas en diversos foros políticos y académicos. Semipresidencialismo, parlamentarismo, gobiernos de coalición y otros mecanismos son analizados en estos documentos, que son esenciales para el estudioso de la política mexicana.

Feb02

Posted in Un año de Presidencia2012

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