Las novelas de la presidencia contemporánea y futura
La silla del águila, de Carlos Fuentes. La inoportuna muerte del Presidente, de Alfredo Acle Tomasini. El olor del dinero, de Luis E. González O’Donnell
En el siglo XX, autores como Gabriel García Márquez (El Otoño del patriarca, 1975) y Miguel Ángel Asturias (El señor presidente, 1946) retrataron el presidencialismo latinoamericano tanto desde el terreno de la ficción como desde la novela histórica. En la fiesta del chivo (1990), Mario Vargas Llosa narró la vida íntima de Rafael Leónidas durante sus años como dictador en República Dominicana, y a lo largo de los 70s y la primera mitad de los 80s, el mexicano Luis Spota escribió una saga de 12 novelas agrupadas bajo el nombre de La costumbre del poder, donde describía las entrañas de la política mexicana en la época de mayor ejercicio del presidencialismo.
En 1996, Paco Ignacio Taibo publicó una novela política-futurista: Máscara azteca y el Doctor Niebla (después del golpe), en la que Cuauhtémoc Cárdenas, presidente democráticamente electo, vivía preso en Los Pinos víctima de un golpe militar. Otros autores del nuevo siglo se han dedicado a explorar la presidencia del futuro, tanto por el gusto de fantasear sobre la política del porvenir como por plantear escenarios posibles a partir de nuestra realidad actual.
En esta ocasión, ofrecemos a nuestros lectores las reseñas de tres libros publicados en el siglo XXI sobre los escenarios contemporáneos y futuros de la Presidencia de México.
La silla del águila, de Carlos Fuentes
“Llegar a la Presidencia es como llegar a la Isla del Tesoro.
Aunque te expulsen de la isla, nunca dejarás de añorarla.
Quieres volver a ella aunque todos, incluyéndote a ti mismo,
te digan que no”
La historia comienza el primer día del año 2020, cuando los Estados Unidos dejan a México incomunicado al bloquear el uso de satélites, en represalia por el discurso que el mandatario mexicano pronunció en la ONU para demandar el fin de la ocupación norteamericana en Colombia. Sin internet, sin teléfonos, la comunicación entre los funcionarios del gobierno se da por medio de cartas escritas a mano, como en los viejos tiempos. Esta obligatoriedad gráfica es el pretexto para que nos adentremos en la historia desde las perspectivas particulares de cada uno de los actores.
Así, la multitonalidad de la obra da espacio para capítulos como las ardientes cartas de romance que el joven Nicolás Valdivia escribe a su amante, María del Rosario Galván, experta operadora política y sexual que se ha propuesto llevar a este muchacho a la Presidencia; y por otro lado, las misivas cruzadas entre altos funcionarios de la administración que planean negocios al amparo de sus poderes oficiales y que de manera abierta detallan los actos ilegales que cometerán para enriquecerse a costa de su influencia.
El ascenso al poder, así como la caída en desgracia y el final del sueño presidencial, son algunos de los temas de esta novela. El lector es testigo de cómo un joven aparentemente inexperto y hasta cierto punto inocente en las artes de la política va ascendiendo de ser un oficinista menor a ocupar la primera magistratura del país. Los engranajes secretos del sistema son revelados por sus operadores, y poco a poco se traza el mapa de un sistema político donde la intriga y los preceptos maquiavélicos valen más que las reglas del juego planteadas por los padres de la democracia.
Carlos Fuentes. La silla del Águila. Punto de lectura, 2002.
La inoportuna muerte del Presidente, de Alfredo Acle Tomasini
“Para comprender un hecho histórico o entender una situación política
empiece por desconfiar de lo que parezca evidente. De lo contrario su mente quedará atrapara en una caja. Mire en todas direcciones. Así podrá amarrar los cabos que, además de estar sueltos, posiblemente sean los menos obvios.
La historia está llena de ejemplos donde lo que era evidente sólo sirvió para ocultar la verdad”
El Presidente de México es encontrado muerto en su cama, al parecer de muerte natural, al amanecer del día en que cumpliría dos años en el poder. Rápidamente, su secretario particular y el jefe del Estado Mayor convocan al que el presidente llamaba “el gabinete leal”, 9 funcionarios en quienes confiaba y que, a lo largo de esa mañana, tendrán la misión de decidir el curso legar a seguir y la manera de manejar, ante el resto del gabinete y la opinión pública, la muerte del mandatario.
El artículo 84 de la Constitución determina que, si el Presidente muere antes de cumplir dos años de gobierno, se debe convocar a nuevas elecciones; de ocurrir el deceso después de este plazo, las dos cámaras del Legislativo, constituidas en Colegio Electoral, deben señalar a un presidente interino que concluya el sexenio. Sin embargo, este artículo tiene algunas ambigüedades en su redacción que se prestan para diversas interpretaciones. Esta situación es una de las exploradas por Acle Tomasini, así como el escenario de un sistema en el que el Congreso tiene que ratificar a todos los miembros del gabinete.
En la novela, el hecho de que no se sabe con certeza si el Presidente murió antes o después de las 12 de la noche se convierte en un asunto de crucial importancia, pues mientras los funcionarios deciden el curso de acción a seguir, paralelamente hay otros políticos que, siguiendo su propia agenda, dan curso a una conspiración para la que cada detalle cuenta. Enrarecido el escenario porque apenas unos meses antes el Presidente había presentado su renuncia a su propio partido, y había animado a los legisladores a hacer lo propio, los improvisados operadores políticos del mandatario muerto tienen que echar mano de toda su habilidad para conducir a buen puerto las discusiones sobre la sucesión presidencial.
Escrita de una manera ágil y creíble, La inoportuna muerte del presidente envuelve al lector en la dinámica vertiginosa en la que se mueven los asuntos de la política de alto nivel, y plantea cuestionamientos interesantes sobre el espíritu de las leyes, la lealtad, la corrupción y el manejo de crisis en las altas esferas del gobierno.
Alfredo Acle Tomasini. La inoportuna muerte del presidente. Grijalbo Mondadori, 2011
El olor del dinero, de Luis E. González O’Donnell
Los enjuiciados por delitos de cuello blanco, como lavado de dinero
y evasión fiscal, no estaban en cárceles de alta seguridad sino
en una de las nuevas prisiones para procesados no violentos,
destinados a ser liberados en meses o años, no en décadas,
y con el dinero para hacerse la vida confortable.
Es 2012 y México acaba de elegir a una mujer como presidenta. Tiene por delante la difícil tarea de regresarle la paz al país, convulsionado por la guerra contra el narcotráfico y la violencia que ésta ha conllevado.
Un enviado del Vaticano comparte asiento con un periodista retirado en un vuelo a la Ciudad de México, y apenas poner un pie fuera del aeropuerto sufre un atentado del que sale ileso al ser confundido con el chofer de la Nunciatura Apostólica. Este hecho le permite escapar, ayudado por el periodista, e iniciar una serie de peripecias en las que se van revelando los hilos de una trama internacional en la que el narcotráfico juega un rol central.
El olor del dinero es una novela atrevida, que lleva a personajes aparentemente ajenos entre sí a situaciones inesperadas. Analiza el narcotráfico, el lavado de dinero, los líos contemporáneos de la iglesia católica y los entresijos de la política mexicana contemporánea, con todos los actores involucrados.
Luis E. González O’Donnell. El olor del dinero. Planeta, 2011.












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